Maldito muelle!

No quiso llamar la atención, le daba mucha vergüenza, así que se escabulló apenas sin hacer ruido. Como haría un niño pequeño después de hacer alguna travesura que nadie ha visto. Era fácil bajar a tierra en ese momento, nadie se percataría, al menos durante un rato, de que no estaba a bordo. Buscaba la paz que trae la templada brisa caribeña desde Isla Culebra un par de horas antes del ocaso. Pero aquel muelle parecía no tener fin. ¿Tenía fin? Casi no podía respirar, la congoja volvía a ser terriblemente asfixiante y necesitaba inhalar ese aire fresco que a veces sopla al final del muelle. Unas bocanadas profundas, una mirada panorámica al horizonte para grabarlo en su memoria una vez más y una búsqueda rápida en la realidad de un pensamiento que le devuelva esa tranquilidad que tanto necesita. Por más que quería no podía evitarlo, no se atrevía ni a pensar en que podría conseguirlo si se lo propusiera. La había perdido para siempre. Ese muelle no le dejaba pensar con claridad, y mucho menos en un día como hoy. Maldito muelle, malditos mosquitos, maldita suerte…

continuará.

Alea Iacta Est

Dicen los historiadores que cuando Julio Cesar cruzó el Rubicón, pronunció esta célebre frase. Dicen también que Julio, al mojarse las botas mientras abandonaba la orilla italiana, se rebelaba contra la autoridad del Senado y provocaba con ello la guerra civil contra Pompeyo.

Yo no voy a guerrear contra los rebeldes, más bien, pondré también rumbo al destino y trataré de encontrar mi propio Rubicón.

Tras mucho tiempo de intrigas en palacio y desencuentros indeseables y traiciones involuntarias y sufrimiento merecido y sufrimiento inmerecido y lágrimas erosivas, ha llegado el momento de respirar aire puro, de mirar las huellas de mis pisadas mientras se difuminan en la arena mojada, de saber de todos y de todo, de conocer lo desconocido y de recuperar lo que estaba inerte como los cuerpos de la tripulación de la Odiseus, y como Ulises, rescataré a Telémaco, o por lo menos intentaré rescatarlo de las zarpas del olvido, del limbo fútil al que fue desterrado…

Y mientras tanto, rezaré a todos los dioses, para que tengan piedad de este marino y no lo hagan vagar en soledad durante mucho tiempo por el Olimpo de la incertidumbre, mientras espera recalar en el reino de Hades, aunque para entonces no quede aliento para volver a la Tierra.

Una nueva aventura.

Estaba seguro de que iría lento pero no tanto. No estoy inspirado para escribir ahora, pero siento la necesidad de ir rellenando este hueco que he creado en la red.

Ya no estoy en Tarifa. Los días de levante F8 y los delfines han quedado atrás. Espero que no para siempre, por lo menos en cuanto a los delfines.

Ahora navego por aguas más cercanas a mi hogar y estoy feliz por ello. El parque natural de la Bahía de Cádiz, en su zona más oriental, acoge mis pantocazos con más incertidumbre que esperanza, pero las cosas son así, y como vienen he de vivirlas.

Sigo navegando, aprendiendo todo lo que puedo y sobre todo disfrutando de la mar.

Mi sueño se está cumpliendo, soy un hombre afortunado.

Gracias Peki, te quiero.

Jakt